y te veo de nuevo, despues de tanto tiempo
Marzo 21, 2012
Camine por el boulevard El Carmen en Santa Tecla. Era sábado por la tarde y era aproximadamente la hora de comenzar con la feria comercial que se celebra aquí cada fin de semana.
Camine por el boulevard El Carmen en Santa Tecla. Era sábado por la tarde y era aproximadamente la hora de comenzar con la feria comercial que se celebra aquí cada fin de semana.
Me invade la nostalgia. Soy un hombre que ha vivido en multiples lugares de mi pais. Tantos que ya no ha tenido tiempo de arraigarme a un lugar y decir: A ESTE LUGAR ES AL QUE PERTENEZCO.
He tomado por asalto mi querida ciudad de Texistepeque (Santa Ana, El Salvador, Centro America) y me identifico como ciudadano de aqui. Pero vine de fuera, por cuestiones laborales, y la gente linda de este pueblo me acogio (en algunos casos se acostumbro a mi). Pero igual sigo sin pertenecer a ninguna ciudad.
Soy un ciudadano digital, soy ciudadano del mundo, pertenezco a cada cultura que me ha tocado adaptarme. Tiene sus ventajas si lo vemos en perspectiva, te volves un personaje interesante, alguien con mil vivencias y nadie se puede ufanar de decir que te conoce al 100%.
La verdad este post no quiero convertirlo en queja. Mejor elaborare una pequeña lista de las cosas que extraño, desde la perspectiva de la edad actual que tengo.
1- Mi gata Kitty, esa gata que me acompaño de Usulutan a Santa Ana. En la migracion forzosa a la que fuimos obligados por la entonces guerrilla.
2- Mis amigos de Usulutan. A los que nunca volví a ver.
3- Comer en la plaza barrios, panes rellenos de esos que venden en carreton.
4- Trabajar en beneficios de cafe. Ya no aguantara a mi edad pero hice buenos amigos ahi.
5- Mis amigos de bachillerato, que al igual que los de Usulutan, no volvi a ver jamas.
6- Tomar whisky en las rocas en mi ex apartamento de San Salvador.
7- Mi novia y amiga de hace mucho tiempo en Chalchuapa (Santa Ana, El Salvador) a la cual el tiempo nos separo. espero reencontrarla algun dia y charlar por lo menos.
8- Mis excursiones en solitario a lugares de ecoturismo
9- Fumar un cigarro en una cafeteria de Santa Tecla (La libertad, El Salvador)
10- las tardes cuando tenia tiempo de leer sin parar acompañado de una taza de cafe.. (sigo leyendo pero extraño esas tardes donde me imbuía en la lectura voraz)
Habian mas en mi listado original. pero decidi solo compartir lo que creo que puede hacerse publico sin dañar susceptibilidades.
La pregunta es: ¿Que es lo que extrañas de tus experiencias pasadas?
Y me descubrí de nuevo pensando en ti. Si justo hoy cuando el viento frio hace mella en mi cuerpo, congelándome hasta los huesos con sus tuétanos. De la emoción al desencanto total, nos descubrimos de repente en un mutis, sin nada que decir.
¿Qué nos paso? Un lapsus brutus. Un desencuentro entre nuestro cuerpo con nuestra psique. La relación creció sin más reparos, y quizá por eso olvidamos que la felicidad esta en las cosas simples. Nos ufanamos de nuestras maniobras para mantener lo nuestro, cuando no eran mas que simples formas de perpetuar nuestros egoísmos y falsedades.
¿Dónde estabas cuando me sentía solo?
¿Dónde estabas cuando comíamos el almuerzo separados?
¿Dónde estabas cuando emergían en mi las ganas de ser poseído y de poseer sexualmente?
No hay forma de volver atrás. Errores tenemos muchos. Y solo un par de dichas (mias quizá mas no tuyas): nuestros hijos.
Elena era su nombre y desde hacía un mes vivía en una zozobra emocional, junto a sus dos hijos, Gaby y Alfonso. Su marido la había abandonado hacia dos años dejándola con los niños a cargo, mientras él se perdió en algún lugar de Los Ángeles, California.
La vida había sido dura para ella, y más cuando se fue a vivir a una colonia donde quienes mandaban eran los miembros de una mara.
Se despertó al alba y comenzó a despabilarse. Soñoliento se sentó tieso como un mástil. Bostezo y el halo de su boca no fue grato ni para sus fosas nasales.
El despertar encima de un cartón de un televisor de 20 pulgadas, no es una manera agradable de despertar. Su espalda resintió la noche al suelo. Se estiro. Y su estomago le recordó que su última comida había sido hacer unas 24 horas.
Luis se levantó y salió del cuarto del hospedaje que había logrado pagar esa noche. Con su alforja al hombro se dirigió a la pila donde se baño a “guacalazo limpio”. La hora del baño y de lavar la ropa del día anterior.
Rato después cubría su rostro con la pintura de siempre. Su cara volvía a sonreír gracias al maquillaje. Su traje holgado de colores. Su peluca verde. Una lagrima reprimida, igual que su hambre. El repaso necesario de los “chistecitos” ya trillados. Pero útiles. Y comenzó la jornada. Pedir en buses para juntar siquiera lo del hospedaje.
Hacia la una de la tarde se acerco al puesto de ropa de doña Elvira, ahí en la zona peatonal. La señora lo conocía desde hacía unos 4 años y ya confiaba en él, y muchas veces lo dejaba en el puesto junto a una empleada. Le gustaba porque las ventas crecían cuando él se quedaba.
Esta vez estaba con su sobrino Wilfredo, el chico quinceañero sobrino de Elvira y que gracias esta lograba estudiar en el INFRAMEN y a la vez estudiar inglés en el Centro Cultural. Esa tarde Elvira los presentó, Wilfredo fue distante con el payasito. Rato después salió a hacer algunas compras propias de su hogar. Dejo encargado a Wilfredo y a Luis. El turno comenzó con algunas ventas hechas por Luis. Y rápidamente el pasaje se lleno de las frases clásicas del payasito:
- Hola amor, jeans rebajados a 6 dólares.
- Vaya amores las blusas de moda.
- Hey brother, ¿Una camisa?… una blusa para su novia?
Wilfredo en cambio, se coloco sus auriculares y le dio volumen a su reproductor MP3. Olvidando por completo la función de atender clientes y solo cuidando de la gaveta del dinero.
Rato después apareció Elvira y la jornada siguió, entre risas, un café, unos panes dulces, y las frases locas para atraer clientes de Luis. Hacia las 6 de la tarde comenzó el cierre del puesto. Luis ayudaba a meter la mercadería.
Al momento de cuadrar las cuentas, Elvira detectó un faltante de casi 70 dólares. Wilfredo como era de esperarse se desmarco asumiendo desconocimiento total de la situación. El problema derivo en discusión sobrino-tía. Wilfredo echo la culpa a Luis…. En su furia Elvira, echo al pobre payasito del puesto, mas sin embargo evitando herirle. Pesando mas la amistad de 4 años que el incidente…
Luis se encamino hacia su lugar, ahí en el Hospedaje Corinto. Otra vez a buscar el descanso forzado (el suelo no invita a dormir nunca) solo que esta vez había un sabor amargo, el de haber sentido que desconfiaban de él. ¿Habría sido por su condición?
Al día siguiente comenzó el ritual de siempre, solo que sazonado con los recuerdos agrios del día anterior. ¿Qué es lo que realmente le dolía? La mentira? El que pensaran mal de el? O qué?
Ese día en la tarde la paso en la plaza Morazán. Tratando de entretener a algún niño que se cruzaba con su madre.
De repente alguien le toco su espalda. Volvió y se encontró con esos ojos café. Profundos. Escudriñadores. Y con esa mirada que transmitían vida.
La hija de Elvira, Lady. La niña de 9 años. Vivaracha y con un toque angelical.
- Madre dice que vayas al puesto –
- Y eso? – Preguntó dubitativo Luis.
- Nada. Dice que vayas solamente.
Luis regreso sus pasos hacia la peatonal. NO sabía que decir. Quizá le llamaba solo para decirle que el tenia el dinero perdido y que de algún modo le iba a pagar. ¿Pagar? ¿Cómo?
- Hola Luis…. Primero que nada quiero pedirte que me disculpes por echarte ayer. Aunque no lo creí, me sentí como defraudada… más tarde el mismo Wilfredo confeso y me devolvió el dinero…. No sé qué decirte…. Ah! De ahora en adelante serás mi empleado y encargado en el puesto de frutas y verduras que tengo en el Sagrado Corazón…. ¿Aceptas?
La vida daba un vuelco…. Todo gracias a su forma de ser, su colaboración con las personas, y su honradez…
PASAJE UNO.
EL CHOQUE
LA SILVIA
En navegar por Internet se le fue la tarde, se levantó sintiendo las piernas hinchadas, sus nalgas casi insensibles, y con la cabeza pesada.
Dos horas más tarde se encontró abriendo la puerta de la casa de sus padres. De nuevo en ruta al infierno, pensó, vaya descenso al Hades.
Su vida en los últimos años había sido de tortura continua. De forma casi imperceptible fue minando su alegría, y sus ganas de vivir. Siempre las mismas frases, las cuales se habían convertido en letanías de su propio rezo.
"Silvia, hoy no podes salir"
"quedate en casa y ayudá"
“solo de culo caliente en la calle queres andar”
"ganate la comida no seas huevona"
“no seas tan mierda”
"comemierda hij’e'puta"
A fin de cuentas la única frase que no le alteraba era la última, porque se decía a sí misma: "bueno, si me lo dice mi madre… por algo será". El verdadero hij’e'puta era el hermano mayor, "el doctor" como decía su madre. El era un buen profesional de la salud, en realidad, tenía consultorio propio y unas horitas en un hospital de provincia.
Bueno, el muy &*?!@#… llevaba una verdadera “vida de zángano”. 3 o 4 mujeres al mismo tiempo y las muy estúpidas seguían adorándolo y “manteniéndolo” a pesar de saber sus infidelidades.
La madre de Silvi era una alcahueta, seguía dándole dinero y de comer a pesar de que él ya ganaba lo suficiente como para mantenerse él mismo, su esposa y sus dos lindos niños, Amalia y René.
Pobre Silvia, era comparada con el "doctorcito" y nunca había dinero para ella, ni siquiera para la mensualidad del instituto (que eran unos 7 dólares).
Por eso, cada tarde escapaba, con ayuda de la Internet, ya que era la única forma de hablar con alguien de forma bilateral. Con su madre sólo tenía derecho a escuchar al igual que con sus compañeros y maestros, tal vez expresar uno o dos monosílabos. Su mundo era el ideal, para alguien que no le guste opinar.
Los chat rooms, los messenger, las páginas personales, las redes sociales, las bitácoras eran las únicas vías que tenía para ser ella misma, expresarse, y gritarle al mundo que existía una mujer que sufría y se llamaba Silvia. La Internet era una especie de último reducto para escapar de esta sociedad infoxicada (o sea llena de información) y machista.
CARLOS
Sonidos claros
Quiero esa guitarra que me arrulla
La que calma mi monstruo
Aunque mi melancolía galope
A lo largo y ancho de mi mente…
Mi eterno café
Evita que me desquicie
Releyó las líneas que había escrito, metió el papel a su foldercito y salió del comedor donde estaba. Dirigió sus pasos hacia la parada de buses de CLARO, pasando cerca de la Rotonda , su ex alma mater. ¿Qué hacía ahí? ¿Qué extraños sucesos lo habían traído a sus orígenes profesionales?
En fin, llegó a la parada de autobuses y subió al micro que parqueaba con un extraño desgano. Se bajó en la parada del Edificio Patricia, y ahí estaba Maria José, leyendo un libro, como una nueva Penélope en espera de su Ulises.
- Hola mi niña - saludó Carlos.
Ella no saludó, sólo se abalanzó sobre él y le dejó estampado el mejor de sus besos. Así iniciaba el encuentro furtivo de ellos dos, el de cada semana, el que ella añoraba; el encuentro por el que peleaba en su casa, por el que era criticada, por el que ella sufría y… Amaba.
Caminaron, buscando catedral, iban abrazados pero Carlos iba taciturno, como en otro mundo. De la mano o abrazados ella no paraba de contarle lo que le había sucedido en la semana.
- Vaya papacito no le va a comprar un bluyin a su esposita - Dijo una
vendedora de la peatonal.
Se sonrojaron y siguieron su camino.
- Como si estuviéramos casados - dijo ella, mientras sus ojos brillantes buscaban los de él.
- Algún día - musitó él.
En realidad no habría algún día, pensó él, al mismo tiempo que su culpa reproducía en su mente a sus lindos niños, Amalia y Renecito.
Carlos era un tipazo como médico y como amigo era alguien sin igual pero en cuestiones de amor, era un calculador, un gigoló, un machista… o talvez un liberal… o en palabras de su hermana un “hijueputa”.
Carlos, el doctor, era querido por la gente y más por la de escasos ingresos, lo adoraban porque hasta regalaba consulta de ser necesario. Como amigo era capaz de dar su ropa.
¡Carajo¡ La única diferencia con María José de las otras amantes era que con ella le remordía la conciencia y por lo tanto le impedía disfrutar plenamente de su affaire con ella.
Tomaron un taxi y fueron a parar al hotelito de siempre, ahí arriba de Metro . Una vez en el cuarto no hubo besos ni los manoseos habituales…
- ¿Que te pasa guñi-guñi que estas todo tristoso? - preguntó ella con todo el amor del mundo.
- Es que tengo que decirte algo - dijo él entre dientes.
- ¿Algo?… ¿De qué? - Preguntó ella con extrañeza
Carlos suspiró y dejó ir el sablazo mortal:
- Maria José, todo este tiempo te he mentido… soy casado y… tengo… dos hijos…. –
(Mutis)
LA SONIA…
Los gemidos en el dormitorio se sucedían casi cada minuto, los movimientos de las caderas de ambos eran rítmicos.
Ella elevó sus piernas y él las enganchó con sus brazos, separó su pecho del de ella, y apoyó sus manos contra la cama, tensó sus piernas quedando casi en posición inclinada. Ella quedó a merced de su fuerza y movimiento, sus pezones aunque duros se movían al compás de los embates de él… Sus ojos cerrados y la expresión de su cara lo decía todo… El jugo de ambos escurría por sus glúteos… Sus músculos vaginales se contrajeron de tal modo que el orgasmo fue total… máximo… Su respiración se cortaba rítmicamente… El jadeo se convirtió en un llanto de placer… lo abrazó utilizando brazos y piernas, mientras sentía cómo el sudor hacía deslizar el pecho de ambos…
Siguieron reinventando el sexo por unos 50 minutos más, terminaron en un sexo oral magistralmente ejecutado por ella que casi desmaya al joven amante.
Minutos después ella iba rumbo al baño, limpiándose el semen regado en su cara y con su corazón a mil por hora. Se duchó, luego y mientras se vestía, vio que eran las 12 y por ende tenía una hora para llegar antes que su hija… la Silvia….
Sonia era una mujer maciza, rayando los 48, pero con un cuerpo envidiable. Mimaba a su hijo, Carlos, y discriminaba a su hija Silvia, a la cual exigía cosas que ni Sonia misma cumpliría, aún si volviera a nacer.
Su debilidad eran los chicos de 17 y el sexo salvaje, primitivo quizá. En cuanto al sexo había probado todo, trío hombre-hombre-mujer, trío mujer-mujer-hombre, anal, lesbianismo, lluvia dorada, sadomasoquismo, autosatisfacción, doble penetración rectal y vaginal, etc.
Su segunda fascinación era criticar el pecado de otros ya que ella era una especie de policía religiosa, o en palabras de ella misma: "Una cuidadora de las buenas costumbres".
- No mi hija hay que ser chapada a la antigua , para sobrevivir en este mundo de pecado - era su frase favorita.
Era una mujer de carácter fuerte que vivía su vida al límite. El único miedo que le quemaba el alma era que su hija Silvia descubriera lo puta que era.
HAGAI
Jugaba con la pajilla… revolvía una y otra vez su frozen… y no apartaba su mirada del libro que leía ávidamente… parecía disfrutar más la lectura que su frozen y además ignoraba la muchedumbre que lo rodeaba en la food court de Metro.
Todos los días era lo mismo desde hacía unos 4 años. Ocupaba alguna mesa de la misma zona, cerca del kiosco del café y del local de Biggest.
Siempre tomaba lo mismo, un frozen de Hawaian Juice o un café moka del kiosco de café. Y le fascinaba leer siempre "ladrillos" (libros grandes).
Hagai parecía un chico como todos, pero era un excéntrico de primera, rebelde, muy inteligente aunque no superdotado, luchador, enojón, adicto al trabajo (excepto en su hora del café), enfermizo (aunque no parecía que su salud estuviera quebrantada), detestaba los bailes y la música mundana. (No era evangélico pero decía que la gente tenía gustos raros).
En otro tiempo Hagai había gustado de la comida rápida y de las frituras, hoy se conformaba con las calorías que pudiera darle su café o su frozen, lo demás era pura dieta o "dieta de cabra" como prefería decirle él… Ni modo había que hacerla si no su corazón se hubiera declarado en huelga y…. Usted sabrá lo que sigue…
Una mujer bajó del taxi frente al hotel Real Intercontinental… casi corrió en busca de la pasarela del hotel, la cruzó a todo vapor, bajó (no las usó) las escaleras eléctricas, dobló a su derecha, cruzó la plaza frente a TOTTO® y siguió rumbo hacia la food court. Se equivocó de nivel y fue a parar al 2o nivel de la 8a etapa, subió al último nivel y su primera vista fue la de Hagai en su hora del café… Se acercó y se puso casi frente a él, éste atisbó sobre sus lentes y dijo…
- Hola corazón. ¿Cómo has estado?.. ¿De donde venís? –
La mujer tomó asiento y comenzó a llorar. Hagai no sabía que hacer o que decir, simplemente se limitó a cerrar su libro y observarla durante casi diez minutos. Después de ese tiempo se limitó a decir:
- Sé que no tendrás ganas, pero para poder ayudarte necesito que me respondas éstas preguntas: ¿Qué te hicieron? ¿Qué te pasó? -
Ella levantó su cara, la cual tenía entre sus brazos, lo miró un largo rato y luego pareció agarrar valor y le dijo entre hipos de llanto…
- Carlos es casado, tiene dos niños…. no se… lo consideraba todo un caballero… pero era un cerote de mierda… no…. yo soy la pendejita que le creyó todo… –
Siguió llorando y la gente de las mesas de alrededor la vieron de forma escrutante, pero todos volvieron a lo que estaban. Hagai colocó los codos sobre la mesa, sus manos formaban un puño y sostenían su mandíbula. Era la posición de meditación de Hagai y esta vez no sólo meditaba si no que fabricaba una frase o un pensamiento que ayudara a la pobre chica que tenía frente a él. Se decidió por una terapia de choque para hacerla reaccionar.
- Bien lo primero que necesitas es tomar un sorbo de agua, la iré a comprar - dijo al mismo tiempo que se levantaba para ir a comprar el agua…. Se detuvo y agregó, - Ah, y deja de decir malas palabras.
- No, no quiero nada - respondió ella con brusquedad.
Parado como estaba, puso sus manos sobre la mesa se inclinó hasta casi quedar frente a su cara y dijo con autoridad:
-Basta Maria José, no vas a dejar que tus riñones se pudran por un bastardo… ¿o sí??… –
Y la dejó allí, dirigiéndose a Biggest a comprar la botella con agua.
IRONIAS
Salió corriendo del hotel y todavía alcanzó a ver cuando María José tomaba un taxi… aceleró su marcha pero fue en vano ya que el taxi se alejaba a toda velocidad…. Ni modo, a caminar, María José estaría camino a Santa Tecla.
Mientras en otra parte de la ciudad muy cerca de Metro, un auto se incorporó al Boulevard de los Héroes, aceleró y ya se acercaba al alto de Metrosur, el semáforo cambió al rojo pero ya llegaba a la boca calle así que decidió seguir la marcha…
Un bus de la 30 había decidido iniciar la marcha justo cuando cambiaba al verde… La colisión fue aparatosa y esta demás decir la multitud de escombros que dejó. El motorista del urbano no espero ni siquiera a que llegaran los curiosos, se alejó con su cajita en medio de la confusión…. iba cojeando…
El que manejaba el sedán 4 puertas, Nissan, quedó atrapado en el asiento y el chasis torcido, la mujer que lo acompañaba había destrozado con su cráneo el cristal de la puerta delantera, estaba toda ensangrentada y de sus heridas manaba sangre despacito.
Los curiosos y algunos policías comenzaron a sacarla, ya que el chofer que estaba a su lado ni respiraba. Al verla de cerca su rostro tenía incrustados pedacitos de vidrio y su ojo derecho estaba muy hinchado.
Entre los que ayudaban estaba un hombre bien vestido que recién había cruzado la calle, aunque elegante, él era el que dirigía el rescate, a parte de que sus manos sostenían el cuello de la víctima. Su nombre era Carlos, el que usted querido lector ya identificó, imagino.
A la mujer literalmente la "echaron" a la cama del pick up de la policía y Carlos se fue con ella. En el viajecito corto que dieron hacia el Rosales fue estructurando el cuadro de ella y vio su nombre:
Tirza Verónica Sandoval… su cuñadita… la hermana de Maria José!
La vida es irónica, por decirlo de alguna manera y en ocasiones parece reírse de nosotros, o a veces parece proponerse que nos enfrentemos con nuestra realidad, con nuestros miedos, con nuestras pasiones…. con nuestros pecados….
El carro patrulla llegó al Rosales y Carlos procedió a decirles a los internos que los recibieron los detalles del accidente de Tirza, luego salió de emergencias y procedió a caminar hacia la Rotonda…
Momentos después estaba en la calle Arce de nuevo… y de nuevo en la misma parada de buses donde abordó el micro para encontrar a María José…. todo igual solo que su alma tenía más carga que cuando inició este periplo…
CLARA.
imagina que
que yo no soy yo
que soy el otro hombre
que esperabas ver
un desconocido que te ha escrito un verso
y te dibujó la luna en un trozo de papel…..
Tal era la canción que cantaba Clara. Y cada vez que la tarareaba sentía un dolor profundo en su pecho.
Cada vez que la oía su imaginación volaba y se veía ella misma como el hombre del relato y a Carlos, su esposo infiel, como la "loca" de la canción.
desnúdame ahora
y apaga la luz un instante
y hazme el amor
como lo haces con esos amantes
te juro esta vez
es la última vez que te burlas
de mí… que me engañas…
Así era la parte de la canción que ella cantaba a todo pulmón, la parte que la hacia llorar, la parte que ella recordaba que Carlos ya no le hacía el sexo desde hacía tiempo.
Ni siquiera cuando ella se insinuaba con conatos de sexo oral. La chispa se había acabado y ella no sabía porqué. Sólo una cosa era segura: que sus ganas e instintos tenía que quitárselos con trabajo, cuido de sus hijos, café y talvez un falo de goma.
En conclusión: una patética forma de matar las ganas de sexo en un matrimonio.
Ella estaba cumpliendo con "maestría" el rol estúpido, impuesto a la mujer desde hace siglos: cásate, tene hijos, cuidalos, cuida a tu marido, si te es infiel perdonalo por los hijos, los hombres tienen libertad pero tu NO, si trabajas tenes que dedicar tiempo a tu hogar, dejarte "coger" cuando él diga y si nunca te pide sexo JAMAS busques dulzura en otros.
Vaya compendio a cumplir. Toda una pudrición envuelta en el papelito llamado "nuestra cultura". Amarrado con otro papelito llamado “matrimonio”. Y en aras de la cultura y la tradición muchas mujeres como Clara son ahora Zombies.
Bueno no importa mi opinión…. o mi análisis de nuestra sub cultura… Clara sólo quiere cantar y olvidar…
aquel viejo motel
de pobres luces
de todos el peor
como un palacio lo veía nuestro amor
tu te negabas yo insistiendo
y los dos fuimos cayendo
al dulce abismo que hoy pretendes esconder.
Vaya canción…. toda le recuerda el amor imposible que se había convertido su esposo Carlos… Aquel viejo motel… donde ella se entregó a un estudiante de medicina llamado Carlos…
ESTUPIDECES.
El auto salió a toda prisa del parqueo del condominio que está por la calle El Progreso, retrocedió con furia y viró quemando llantas hacia abajo buscando la 49 avenida. Cruzó el paso a desnivel, y después de la iglesia bautista, cruzó a la izquierda, detrás del estadio Flor Blanca, hizo otro giro y se incorporó a la 49, con rumbo hacia el boulevard de Los Héroes.
- Si que la hiciste grande ahora - dijo él con enojo evidente - mirá que venir a mi casa y hacerle un escándalo a mi mujer - añadió mientras se incorporaba a la 49.
- Ella se lo buscó me gritó ayer en el bus que era una ROBAMARIDO - grito ella aguantando un nudo en la garganta.
- Pero venir a mi casa y hacer llorar a mi hija… a Karlita… es una niña carajo!… -
- No fue escándalo además lloró por la tensión del momento no porque entendiera que tu y yo somos amantes. -
- Estás enferma- dijo el entre dientes.
- ¿Y qué? y vos sos un tipo tremendamente sano de tu cerebro!, sicótico egoísta. -
El auto cruzó el paso a desnivel que cruza la Roosevelt, se detuvo cerca del hotel El Sauce, los clientes de la Esso que esta por ahí veían que dentro del auto una pareja discutía acaloradamente. Cinco o diez minutos después el auto arrancaba de la misma forma como había salido del condominio.
- Ni modo lo nuestro terminó. No voy a permitir que lastimes a mi hija - dijo él con aplomo de general del ejército.
- Y porqué no pensaste en eso cuando me pediste que cogiéramos, porqué no lo pensaste cuando estuvimos aquel fin de semana en Costa del Sol . Por qué no lo pensaste cuando estábamos en los moteles, cuando me cogías de mil formas…. no entendes que te amo… no ves que lo que siento por ti… ya no se mide solo se siente… óyeme… TE AMO…- la última frase la habría gritado casi queriendo que el parabrisas se destruyera.
El auto habría cruzado ya la primera calle, siguió a lo largo del boulevard de Los Héroes y en el semáforo de Metrosur, cambio al rojo justo en el momento que llegaba a la bocacalle… Aceleró…
- Tirza - Aulló él y en su tono se sintió el eco de la muerte…
El se llamaba Raúl y era el jefe de Tirza en la AFP donde trabajaban. No voy a escribir más de él por el momento ya que el alma de un muerto hay que respetarla.
Se sentó en el arriate justo a la par del poste del farol, de tal forma que su espalda descansara sobre este.
sacó su cajetilla de Marlboro y extrajo un pitillo. Lo encendió con cierta dificultad debido al viento que de vez en cuando se dejab a notar con rafagas que más que sosiego te embadurnan de más calor.
La primera inhalación hizo que la braza del cigarrillo se encendiera más y que sus pulmones se inflran con la mezcla de oxígeno y humo de cigarro. Como todo fumador su mente sintió que se despejó y pudo "pensar" mas desapcio y con coherencia.
A pesar de la calma aparente que le dio la nicotina, no dejaba de pensar en ella. y otros problemas que inundaban sus pensamientos.
No existe, quizá, peor imagen que un hombre triste y derrotado me decia mi vecino.
Siguió fumando, se levantó solo para ir a un carretón y comprar un café de a 15 centavos. Café en una mano y cigarro en la otra, caminó despacio hacia su "asiento".
Parecia que había sido ayer… si un día de invierno, justo a finales de junio cuando lo echaron del trabajo…. desesperado corrió a un ciber e imprimió todos los curriculos que pudo, sin embargo parecía que aquellos documentos estaban malditos.
Cola tras cola, oficina tras oficina, entrevista tras entrevista. cada una se sentía mas agria que las anteriores. La "fábrica de empleo" que había ofrecido el nuevo gobierno no parecía comenzar a funcionar. La crisis apretaba… los hijos pedían comida, la esposa desesperaba con sus diatribas… y la cajilla de Marlboro tambien iba de bajada, como que iba llegando el momento de comprar cigarros chinos en algún desvensijado canasto del mercado central.
Es difícil pensar con coherencia cuando tu estómago está vacío. peor aun, cuando tu esposa te echa en cara la situacion. y cuando sabes que ella ha ido a pedir comida a los vecinos. Y que tu última cena, te la regaló un cristiano protestante del ministerio Pan y Chocolate del Tabernáculo Biblico Bautista Amigos de Israel
¿Se puede pensar así?
….
y cuando la desesperacion te lleva a un parque, sentarte ahi a esperar nada, llenar tu cerebro de humo y tu estomago de café (porque no hay más)
….
La vida parecía jugar ping pong con la cabeza de nuestro amigo Jonatan.
Con su celular llamó a una oficina de recursos humanos la respuesta era la misma: YA LE LLAMAREMOS, ESPERE NUESTRA LLAMADA…
- Por la grandísima puta, qué mierda de vida! - gritó y lanzó el celular, estrellándolo contra el cemento. Destrozó el vaso de durapax y encendió un nuevo cigarrillo con la colilla que estaba por apagarse.
Quería llorar pero, como le habian inculcado desde pequeño, los hombres no lloran, simplemente se quedó con sus muñecas temblorosas y la respiracion un tanto acelerada.
Cada amargura se guardaba en su cerebro, pero esto lo convertia en un polvorín, que muy pronto estallaria.
….
Encamino sus pasos por la misma senda de siempre, en su pasaje… su misma colonia desde que se habia casado con Elba… Abrio la puerta principal de su "hogar", que ya solo quedaba la palabra no mas.
Y la casa estaba vacía. No por minimalismo si no porque no habia nada… la pesadilla había comenzado, su mujer lo había dejado y sus joyitas (sus hijos) no iban a vivir mas con el.
su respiracion se aceleró, y buscó por toda la casa, en un intento vano de talvez encontrarlos en algun rincón a pesar de la obviedad de su ausencia.
Se hincó en una de las habitaciones y desandó todo lo que la cultura le habia enseñado, LLORO… copiosamente…
No había mas vida sin ellos…. ¿Qué quedaba?… "quiza solo queda caminar hacia el final del tunel" pensó Jonatan… mientras caminaba hacia el plackard donde guardaba la 357 Magnum…